Sergio Pereira Astúa

Video semana 6




Texto Semana 3:

EDUCACION


Al hablar de educación no podemos dejar de hablar del hombre, en sentido genérico y visto tanto en forma individual o como integrante de una colectividad el cual se constituye en el centro alrededor del cual giran todas las acciones que tienen que ver con este importante proceso de la humanidad. La educación es un aspecto que nos toca a todos ya que su accionar va dirigido a todo tipo de personas sin importar edad ni la preparación poseída por cada uno de los individuos. Es por ello que podemos decir que la educación es un proceso permanente del hombre mediante el cual exterioriza sus facultades, ya sea una educación formal adquirida mediante planes institucionalizados o sea informal adquirida mediante la experiencia cotidiana.
La educación como proceso de cambio en la persona trae consigo una serie de aspectos que la tipifican como una corriente evolutiva, cambiante y transformadora la cual cuenta con los educandos como protagonistas del proceso confiriéndoles el carácter de sujetos de la educación. Como sujeto se convierte entonces en parte medular del proceso. Se convierte en punto focal hacia el cual se dirigen todas las acciones formativas y ahí radica la importancia de conocerle y orientarle para un correcto desempeño en su proceso  educativo. Hay que conocerle desde el punto de vista social y para eso contamos con el recurso de diversas disciplinas que le analizan objetivamente, cada una de ellas desde su propia perspectiva pero constituyendo un grupo interdisciplinario coronado por la pedagogía, a saber algunas de ellas, la sociología, la biología, la antropología, y siempre teniendo como centro al hombre en sentido genérico como fin último del proceso. Es por eso que podemos decir con propiedad que la educación es antropocéntrica.
El sentido  de la educación, con el hombre como punto focal impone la necesidad de preservar el objetivo esencial de la misma y no se debe permitir la incursión  de doctrinas dictatoriales, déspotas o deshumanizantes. Debemos preservarla también de una posible sumisión al servicio de la tecnología que en una forma sublime va ganando posición en nuestra sociedad.
El ser humano es criatura diferente a todos los demás seres con connotaciones  particulares que lo diferencian y lo hacen ser único: su especificidad. La característica suprema y esencial que diferencia al ser humano  y que lo hace ser específico es su espiritualidad. Esa espiritualidad supera los alcances de lo corporal y lo convierte en un ser intelectual y racional cargado de afecto y voluntades interiores que se manifiestan a lo externo. Es un ser capaz de idealizar situaciones y abstraer su pensamiento, así como fijar su conducta dentro de una perspectiva axiológica y también planificar su futuro.
En la vida en sociedad el ser humano es capaz de organizarse y obedecer también a una normativa jurídica administrada por instituciones que el mismo ha creado. Esta integridad del ser fortalece la unidad de lo espiritual con lo propiamente físico fortaleciendo la armonía que debe prevalecer en la persona y fortaleciendo también la buena relación que debe existir entre los seres humanos.
La relación con sus semejantes es una característica propia del ser humano que lo hace particularmente organizado estableciendo metas de su existencia. Una de esas metas es la educación la cual el hombre procura obtener tanto en el seno familiar, como en la relación con los demás en forma espontánea o informal, así como en la escuela misma en forma institucionalizada.
En ese dinamismo el hombre también se relaciona con su entorno adaptándose al mismo y modificándolo y es así como va produciendo cultura como una característica propia de él convirtiendo la naturaleza, la cual ya se ha convertido en objeto de estudio, en parte de su vida e interrelacionándose con el medio.
Una de las características más marcadas del hombre la cual le permite destacarse por sobre los demás seres es su capacidad de comunicación por medio del habla. Esta cualidad unida al raciocinio que la naturaleza le ha otorgado le permite comunicarse, manifestarse, dar y recibir opiniones manteniendo así la unión con sus semejantes. Esta comunicación e interrelación lo sitúa en una posición digna de la máxima expresión de la creación: el hombre en sentido genérico, el cual tiene la facultad de aprender, enseñar y analizar y todo esto expresarlo en sus diálogos.
Según el filósofo alemán Ernst Cassirer el hombre es un ser simbolizador. Crea símbolos eidéticos que le sirven para comunicarse o para grabar en su interioridad espiritual el significado de muchos fenómenos un poco incomprensibles. Uno de estos símbolos y quizá el más significativo es el lenguaje el cual es característico de cada grupo étnico. Por sus particularidades esta simbología llamada lenguaje a veces es comprensible únicamente por un reducido grupo étnico y muchas veces abarca grupos de mayor cobertura pero siempre lleva intrínseco el sentido de la comunicación y la interrelación de sus protagonistas acorde a su manera de pensar, y a la cultura donde se han forjado.
La libertad es una condición loable del hombre la cual es propiciada por el proceso educativo. Sin embargo muchas veces se ve coartada por el mismo hombre. “Propósito óptimo de la educación es que el hombre libere su pensamiento y conquiste su autonomía.” ( Emma Gamboa en: “Educación Costarricense” EUNED 2004.). Es muy importante tener conciencia de la trascendencia de ser libre y las responsabilidades que eso trae consigo ya que ahí se sustenta la dignidad humana.
La educabilidad es una característica del hombre que lo dispone a ser sujeto de la educación. Esta cualidad lo hace capaz de adquirir conocimientos y destrezas para poder desempeñarse en cualquier medio ambiente. Es como una predisposición que el ser humano trae consigo y que le permite crecer espiritualmente para lo cual desde muy temprana edad ya está dispuesto y enfoca su pensamiento hacia el deseo de aprender. En este proceso de aprendizaje se definen diversos períodos o facetas que están determinados o condicionados por la edad del individuo ya que cada aprendizaje se ubica cronológicamente en un momento distinto acorde con la edad del sujeto.
Cuando hablamos de condiciones efímeras nos estamos refiriendo a la temporalidad dentro de la existencia cronológica del individuo. Nos referimos a aspectos que tienen que ver con la duración de los diferentes procesos en que el ser humano participa. Al tener conciencia de ello el ser humano organiza y planifica sus acciones y las concreta en un determinado lapso dentro del cual la persona espera ver cumplidos sus anhelos y sus sueños. O sea que está obedeciendo a condiciones temporales de la vida.
En este transcurso la educación pasa a jugar un papel predominantemente importante en la humanización del individuo. Es así como llegamos a catalogar la temporalidad como un parámetro muy importante para la valoración de los diferentes procesos en la vida de la persona y entre ellos el proceso de la educación el cual se concreta en diferentes periodos de la vida humana.

Bibliografía
Dengo, Ma. Eugenia. (2004) Educación costarricense. (1ª ed.) San José, Costa Rica, Editorial UNED.                          



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